Ángel Causal Capítulo I "La absurda rutina"


CAPÍTULO I



Ring… Ring

-Mmh

El molesto aparato llamado despertador me saluda muy temprano por la mañana, anunciando el inicio de un nuevo día, cargado de una rutina repetitiva en cada uno de sus componentes, comenzando porque se trata del mismo sol el que se asoma por mi ventana, calentando u ocultándose de la misma gente, y nosotros realizando el mismo recorrido alrededor de él, sin opción de cambiar nuestra ruta.
-¿Estoy vivo de nuevo?-me pregunto a mí mismo, corroborando que aun soy capaz de sentir mi cuerpo y no se trata de un sueño o un mundo alternativo.

La pesadez en los ojos me invita a volver a mi cama a continuar en la etapa en la que el sueño Rem me dejó, pero una mano invisible me obliga a ponerme de pie, a tomar una ducha, a vestirme, a desayunar e irme de este lugar para simular que realmente me muevo hacia alguna parte. Y claro, soy un estudiante universitario, mis padres esperan mucho de mí, e incluso la sociedad que me señala como un agente extraño espera que le pueda retribuir algo de lo que “me ha dado”.

-¿Cómo es que las personas logran motivarse día con día? ¿Cómo se convencen a sí mismos de que su andar es el correcto?- Mi mente continúa divagando en cuestiones existenciales, las cuales parecen agudizarse a primera hora de la mañana.

Ese horizonte que vislumbro en mi habitación llamado muro no me dará respuesta alguna, aunque las respuestas con las que contamos a todo lo que vivimos son muy cercanas a las que una pared puede otorgarnos.

No tiene sentido seguir pensando en el asunto, aun así no puedo evitar hacerlo, sin embargo al final del día pese a todo el pensamiento existencial que pueda invadirme, no puedo librarme del yugo que rige a todos y que es lo más cercano al “sentido de la vida”: instinto de supervivencia. He por ello que continuo en este camino pese  que no le encuentre la utilidad.

Me levanto de la cama e inmediatamente tomo un baño que me permita aclarar mi mente. Dicen que del agua surgió la vida por lo que aprovecho al máximo la ducha para contagiarme un poco de ella, siendo inútiles mis esfuerzos.

Me visto y salgo al comedor para tomar mi almuerzo antes de dirigirme a la universidad. Mi madre me preparó huevos con jamón y jugo de naranja. No soy muy adepto a las bebidas cítricas, pero decido beberla sin quejarme, después de todo vivo del salario de mis padres y lo que ellos me ofrezcan está bien.

-¿Entrarás a las 7 de nuevo?- pregunta mi madre mientras prepara el almuerzo de papá y el suyo.
-Sí, mis horarios no cambiaron mucho este semestre.-Le contesto una vez termino de masticar perfectamente el bocado.
-¿Y tu amigo Erick, cursará contigo?
-Sí, no pude librarme de él aún.
-Que malo eres Ángel, agradece a Dios que tienes un amigo que se preocupa por ti.
-Bueno, agradécele tú de mi parte, sabes que pienso con respecto a “Dios”.
-Ay hijo, no sé en qué momento te perdimos- dice mi madre mientras menea la cabeza.

Mi madre es una persona sumamente religiosa, quien acude a misa cada semana e incluso diariamente busca tiempo después del trabajo para rezar más, situación que no alabo pero tampoco me incomoda. Por otra parte, mi padre es religioso de ocasión, de aquellos que sólo van a misa cuando hay una fiesta o que pasan por una situación económica difícil. Él es un religioso promedio.

-Ángel, entro temprano al trabajo, ¿quieres que te lleve?- Mi padre entra a la cocina e inmediatamente toma una taza de café.
-No papá, gracias, prefiero caminar- le contesto mientras termino de desayunar.
-¿Seguro, hijo?-Me mira con timidez.
-Sí, tranquilo, no intentaré nada el día de hoy.

Desde el incidente del falso suicidio mis padres temen cada vez que salgo sólo a la calle, por lo que mi padre se ofrece a llevarme a la escuela ocasionalmente. No importa cuánto intentara convencerlos de que no quise acabar con mi vida en ningún momento, ellos tomaron la situación de forma negativa y hasta la fecha vivo las secuelas del incidente.

Tomo mi mochila, mi cartera y mi celular, me despido de mis padres y dirijo mi rumbo hacia  la universidad. Hoy inicio el cuarto semestre de la carrera de Derecho, ¿por qué Derecho? No lo sé, de hecho no me motiva nada que tenga que ver con oratoria y leyes, pero estudiar filosofía no fue bien visto por mis padres,  por lo que opté por algo más convencional, además de que en parte tenían razón al argumentar que no podría vivir de “sólo pensar”.

En mi andar a la parada del autobús noto lo acelerada que luce la masa de gente que se dirigen a sus trabajos o a estudiar, todos y cada uno de ellos indiferentes de las necesidades del otro, por lo que no les importa estorbarse al caminar o violar las reglas de tránsito.

Ya en el paradero abordo el transporte que me deja frente a la universidad a la que voy. Durante el camino decido enajenarme un poco del ajetreo público colocándome mis auriculares. La mayoría de los tripulantes lucen absortos en sus teléfonos celulares, seguramente revisando sus redes sociales o servicios de mensajería. Yo por el contrario prefiero hundirme en el mar de la música, un momento que me genera paz aunque sea por 30 minutos, duración del viaje en autobús a la escuela.

Tras media hora de traslado, arribo a mi alma máter, la cual ya puede verse abarrotada de estudiantes apenas coloco un pie fuera del transporte. No es para menos, después de todo es un semestre nuevo y hay bastantes alumnos novatos e impetuosos que esperan cumplir el sueño de la vida universitaria aquí.

Con un caminar lento pero contundente me dispongo a ingresar hasta el aula donde tomaré la primera clase el día de hoy. Quedan 15 minutos antes del inicio, pero prefiero llegar antes para alcanzar un lugar al fondo y cerca de las ventanas.

Ya en el aula tomo mi asiento en donde había previsto, y para no hacer tediosa la espera comienzo a leer un libro.


-¡Angelín! No empieces a estudiar antes de la clase, ¡es trampa!-me grita una voz conocida.
-Erick… y tú no deberías gritar tan temprano- doy un suspiro y cierro mi libro, resignándome a sólo haber leído una página.
-¿Qué lees? ¿Filosofía de nuevo?-me pregunta en tono de curiosidad.
-Umberto Eco, “El nombre de la Rosa”, supongo que has visto la película si quiera- le contesto sabiendo cuál será su respuesta.
-¿Es de Marvel?
-No llega a ser tan genial como Marvel, pero se acerca- le contesto con un evidente sarcasmo.

El sujeto que se dispuso a sentarse frente a mí es Erick, aquél por quien mi madre debe estar agradeciendo a Dios en estos momentos.

-¿Ya viste que tenemos nueva compañera? ¡Está buenísima!- el individuo lascivo me dice sin ningún reparo.
-¿Y de qué me serviría verla? ¿O acaso a ti con ver que están “buenas” se te quita lo virgen en automático?
-El alma de las fiestas como siempre- Erick me contesta en tono de falsa molestia y se voltea a observar su celular.

Es verdad, en el aula de clases noto un rostro desconocido, cuya cara no había visto siquiera en los pasillos anteriormente. Es una chica que debe ser cercana a nuestra edad, aunque su semblante denota mayor madurez que el resto de compañeras. Si he de calificarla de la manera más básica y primitiva supongo que Erick no estaba tan equivocado, tiene un cuerpo bastante formado, ojos claros y cabello castaño; pero a mí eso me tiene sin cuidado, después de todo no le veo el sentido el endiosar a una persona simplemente por su apariencia física.

El reloj marca las 7 de la mañana, aún con el sol un tanto oculto la primera clase comienza. Como es costumbre cada inicio de semestre los profesores nos hacen presentarnos los unos a los otros como si no nos conociéramos, ordenándonos decir nuestro nombre, lugar de procedencia y el por qué estudiamos esta carrera.

-Soy Alonso Sandoval, vengo de…
-Soy Abril Oviedo…
-Soy Erick Alemán…

Y así cada uno de los rostros conocidos se presentan, hasta que llega el turno de la nueva estudiante:
-Soy Amelia Tavares, nací en Monterrey aunque actualmente me mudé a esta ciudad por el trabajo de mi padre, y decidí estudiar Derecho porque quiero defender a los más desprotegidos y contribuir a defender la justicia.

Una de las respuestas más sosas que cualquiera que estudie no solo derecho, sino cualquier carrera suele decir sin pensar mucho en el asunto. ¿Ayudar a los desprotegidos? No se necesita de estudios si se tiene como religión el altruismo, ¿defender la justicia? ¿De quién se supone que defenderá la justicia? ¿La justicia ha pedido o necesita ser defendida? y en todo caso ¿a qué se refiere con justicia? ¿En serio cree que es un término benevolente? Dependiendo a qué tipo de justicia se refiera no me cabe en la cabeza cómo se puede ir por la vida con tal ambigüedad. Me pregunto si los superhéroes de nuestro mundo han sido designados para conocer el verdadero significado de tal arquetipo, o qué clase de justicia llevarán a cabo en su labor.

-Joven, por tercer vez se lo digo ¡Deme su nombre y repita la dinámica de sus compañeros!

Mi momento de divagación me valió un regaño del hombre con autoridad del grupo, y pese a que tengo más ganas de seguir pensando sobre cualquier cosa que de estar en su “clase”, la abnegación sistémica me obliga a ceder.

-Ángel Vega, soy de esta ciudad, y estudio derecho para desvirtuar el concepto de justicia, y para comer claro está…

Mis compañeros de clase comienzan a reírse de lo último que dije, incluyendo al profesor, aunque también alcanzo a escuchar comentarios como “el suicida también sabe bromear” o “si se hubiera matado no tendría que sufrir por comida”.

-¡Basta jóvenes, esto es una universidad y todos nos debemos respeto!

El profesor calma al grupo que perdió el hilo con un simple comentario que solté. No me importa en lo absoluto esa clase de mofas, después de todo las palabras sólo hieren cuando provienen de un ser más arriba que uno, y yo no creo en ese tipo de seres.

-Son unos idiotas, ignóralos- me susurra Erick severamente molesto.
-Eso te digo a ti, ignóralos y no hagas coraje por algo que no te han dicho a ti.

Mi respuesta puede sonar apática, pero es mi honesto sentir, no veo el sentido que alguien más sufra en cabeza ajena, y menos cuando se trata de un asunto tan trivial como éste.

-Ja,ja, pero mira a Abril, parece como si quisiera golpear al grupito de Ricardo por haberte dicho eso ¡Tienes una admiradora secreta!- Erick vuelve a voltear hacia mi banca.
-Y tú le arruinas el secreto con tu comentario- le respondo minimizando su intervención.

La chica que menciona Erick voltea a verme como es habitual desde semestres anteriores y cuando intento hacer contacto visual directo desvía la mirada con cierta obviedad. Creo saber de qué se trata, pero decido no tomarle importancia, pues lo que en este momento me desconcierta es la estudiante nueva, quien no me ha quitado la mirada desde que me presenté. Me cuesta descifrar las intenciones de sus ojos, ya que no se si intenta ser amistosa, coquetear, o simplemente está observando a un raro espécimen de humano.

Tales divagaciones no me llevarán a ningún lado, por lo que una vez que terminan las presentaciones innecesarias, las clases comienzan con normalidad y trato  de concentrarme en la mayor medida posible en lo que el profesor dice.


Es casi medio día y ya han pasado tres clases distintas, una más aburrida que la otra, aunque soy consciente de que no vine a un parque de diversiones, sino a una escuela, y vaya que la analogía del parque de diversiones no aplica en mi persona, debido a mi falta de interés en esos lugares banales.
-¿Viste que Big Man twitteó algo en contra del futbol de nuevo? Es cierto que ha mejorado como héroe, pero no se le quita lo bocón- me comenta Erick mientras caminamos por los pasillos de la escuela antes de nuestra próxima clase.

-Seguramente tiene algún trauma con el futbol en su niñez, quizá era el típico gordito que nadie elegía-le contesto un tanto bromeando y un tanto creyendo en la veracidad de esa hipótesis.
-Ja, ja, por cierto, nunca te he visto a ti viendo o practicando algún deporte.
-No lo hago actualmente, pero de niño me agradaba jugar futbol y básquetbol- le confieso.
-¿Tú jugando?- me pregunta incrédulo.
-Claro, y no era malo, sólo que con el tiempo me aburrí de lo repetitivo del juego.

Pese a que no encuentro grandes motivaciones en mi vida, fui como cualquier niño que tuvo aspiraciones e intentaba desatarlas por medio del juego, pero con el tiempo esa llama se fue apagando hasta que terminé dándole la impresión a todos de ser alguien que nunca realizó cosas que la mayoría hace, como si la memoria de mis seres cercanos y conocidos de años se haya borrado.

-Te dejo un rato, voy a platicar tantito con Luz, oí que terminó con su novio en vacaciones y tal vez sea mi última oportunidad con ella- Erick me avisa sus planes inmediatos.
-Éxito en tu conquista- le contesto por compromiso, cuando en el fondo no podría importarme menos si logra conseguir esa “meta” trivial.

Aún quedan 10 minutos para la siguiente clase, por lo que aprovecharé para leer unas cuantas páginas del libro que inicié en la mañana, así que me dirijo a la terraza que se encuentra detrás de los edificios de clases. Ese lugar siempre suele estar muy tranquilo, idóneo para quienes buscamos un momento alejado del ajetreo habitual.


REGRESA…


¿Existen altavoces en este lugar? Porque me da la impresión de haber escuchado una voz, aunque el sentimiento fue más similar a traer auriculares.

Debí escuchar mal, porque la gente a mi alrededor no parece haberlo notado. En fin, ya puedo ver la amplia terraza con escasas bancas que para suerte mía hay varias desocupadas…


NO TE ACERQUES A LA CHICA…


Esta vez logro sentir una sensación poco cotidiana en mí, un profundo escalofrío recorre mi cuerpo de polo a polo, y a dicho malestar se le une un sentimiento de agitación que dobla el tempo en el que mis pulmones bombean oxígeno.

-Debo tener fiebre- me digo a mi mismo mientras me toco la frente solo para corroborar que se encuentra helada, desprendiendo sudor a una temperatura similar.

Tal vez deba sentarme un poco para esperar a que la sensación pase, por lo que me dirijo a la banca desocupada más cercana, sosteniéndome de los muros para no caer del mareo.


HUYE, O MORIRÁS.


Mi cordura me traiciona al borde de escuchar una voz constante en mi cabeza, quizá víctima de alguna alucinación que estoy teniendo a causa del malestar. Cierro mis ojos que batallan contra la luz solar y cuando vuelvo a abrirlos veo a una mujer increíblemente atractiva, digna de ser considerada una musa por cualquier artista; tal es su encanto que hasta a alguien que no suele impresionarle ese tipo de cuestiones queda fascinado ante tal ente.

Mi corazón comienza a acelerarse, y no por el malestar de mi cuerpo, sino que la mujer que tengo enfrente es la responsable de esto.


CORRE, NO CAIGAS EN SU JUEGO.


Ignoro la molesta voz en mi cabeza, de hecho ignoro todo a mi alrededor; lo único que deseo es acercarme más a la musa frente a mí.

-Vamos, sígueme, te haré sentir mejor.

Esas palabras avivan más mis sentidos, logrando ponerme de pie como si no estuviera dando vueltas todo en mi cabeza. Solo de ver esos labios… esos ojos… ese cuerpo… quiero poseerlo, ansío tocarlo, sensación que nunca había dominado mi mente ahora me enloquece.

Quiero abalanzarme sobre ella, ¡quiero violarla!

Soy víctima de las necesidades mundanas de mi cuerpo, el cual logra convencer a mi mente de que esto es lo que debemos hacer, lo que provoca que me avalance sobre la mujer con denuedo.

-¡Argh!

Emito un bramido del dolor que invade mi ser, como si algo entrara en mi cuerpo y ejerciera presión para hacerme estallar. La cordura vuelve a mi mente poco a poco, mi visión se torna más clara: la mujer ha desaparecido y yo me encuentro tumbado de rodillas sobre el piso de la terraza.

-Era la única manera de salvarte, ahora tendrás que ayudarme en mi misión.

La cordura parece no haber vuelto del todo, sigo escuchando aquella voz que me viene produciendo escalofríos desde hace unos minutos. La que ahora comienza a desvanecerse con el viento es mi consciencia, alejándose de mí hasta que lo  único que puedo distinguir son mis párpados por dentro. 


Tal vez muera el día de hoy, e irónicamente de lo único que me arrepiento es de no tener algo que me genere un real arrepentimiento, porque nada de lo que hice en estos 19 años amerita siquiera el recuerdo.

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