Ángel Causal Capítulo II ''Absurdo comportamiento"

CAPÍTULO II





Abro los ojos tentando el panorama, poco a poco percibo la luz del mediodía filtrándose por la ventana a un costado de donde me encuentro postrado. No es un lugar que frecuente muy a menudo, pero inmediatamente identifico donde estoy.

-La enfermería…

Susurro mientras batallo contra el terrible dolor de cabeza que se intensifica debido a los molestos rayos solares que apuntan directo a mis retinas, por lo que giro 180° a la derecha sobre la camilla en la cual estoy acostado.

-Ya despertó señor… ¿Vega?- me dice una voz femenina madura.
-Eh...  sí, gracias doctora, ¿qué me pasó?- le pregunto porque siendo honesto, no sé cómo llegué aquí.
-¿No lo recuerda? Al parecer se desmayó en la terraza mientras caminaba tambaleante, entonces una compañera de clases alcanzó a verlo y oportunamente pidió ayuda a uno de sus amigos para traerlo aquí.
-Ya veo… es extraño que algo así me pase.-Me incorporo poco a poco sentándome sobre la camilla.
-Y es más extraño que no presente fiebre o ritmo cardiaco anormal, sus signos vitales están relucientes ¿Comió algo raro en el desayuno?- me pregunta la doctora.
-Pues sólo las típicas rarezas que mi madre cocina, nada atípico.

Tengo un raro sentimiento, como si hubiera tenido un largo sueño en el que perdía la cordura y una fuerza extraña se apoderaba de mí ser, digno de una película de terror. Honestamente no recuerdo en qué momento me desmayé, pues a partir del instante en que caminaba hacia la terraza todo se torna confuso y turbio, como si hubiera sido víctima de una alucinación.

-¡Weeeeeey! ¿Qué te pasó? Me asustaste.

La voz de Erick resuena ruidosamente en la enfermería, generando que la doctora lo vea con cierta desaprobación.

-No lo sé, al parecer me desmayé en la terraza.
-Tú no eres enfermizo, ¿has dormido bien últimamente?- me pregunta.
-Estábamos de vacaciones, por lo que las horas de sueño no pueden ser la causa. Quizás sólo me sentó mal regresar a este tormento llamado escuela.
-Bueno, pero será mejor que vayas a checarte a fondo ¿Por qué no te vas a casa?
-Me siento bien, sólo un poco de jaqueca pero nada de cuidado.-Le digo mientras me pongo de pie dispuesto a abandonar la enfermería.
-Parece estar sano señor Vega, pero si gusta puedo extenderle un permiso para que regrese a casa-. La doctora me realiza un ofrecimiento tentador, pero…

-Me siento bien doctora, muchas gracias, le prometo que si el malestar prosigue enseguida me retiro.

Una parte de mí quiso aceptar la oferta de la doctora, pero lo que menos quiero en estos momentos es preocupar a mis padres con este asunto. Además del dolor de cabeza que poco a poco va mermando, no tengo ningún malestar que me impida continuar con mis actividades. Lo que me resulta inquietante es el hecho de no recordar nada previo al incidente, sólo extractos de una escena surrealista.

-Por cierto, más te vale agradecerle a la chica nueva por encontrarte tirado- me comenta Erick mientras salimos de la enfermería.
-¿Ah sí? ¿Cuál era su nombre?
-Amelia, casi como la de la película.
-Ok, supongo que tengo que agradecerle.
-Suertudo, ahora tienes un buen pretexto para entablar plática con ella.-Erick me da un codazo y me siento tentado a regresárselo.
-No veo necesidad de entablar más plática de la necesaria, con darle las gracias será suficiente.
-Eres un pendejo.
-Tu influencia ha hecho efecto.

Entre bromas regresamos al aula de clases, y como era de esperarse el foco de atención se proyecta hacia mi persona.

-Adelante Ángel, espero que ya estés mejor- el profesor en curso me da la bienvenida.
-Con permiso profesor.
Me dirijo a mi asiento cargando con las miradas de mis compañeros de clase, como si estuvieran viendo a un convaleciente. Los ignoro por completo, después de todo estoy acostumbrado a ser percibido como un animal herido.
-Oye, debes disculparte con Abril, porque casi la haces llorar- me susurra mi amigo.
-No recuerdo haberle hecho nada, ni siquiera dirigirle la palabra- le contesto vagamente.
-¿Te gusta hacerte el tonto, verdad?

Decido convertir en invisible al sujeto que tengo en frente, pues ya perdí casi una clase entera debido a mi desmayo y no tendría sentido el haberme quedado en la escuela si de cualquier manera no pondré atención a la clase.




En punto de las 3 de la tarde termina la última clase del día, momento en el que todos recogen sus cosas apresuradamente y se disponen a ir a casa (o a perder el tiempo en grupitos a cierto lugar de la ciudad). Quiero darme prisa en salir  de aquí para alcanzar un buen lugar en el transporte, pero me temo que debo obligarme a hacer algo antes.

-Oye tú… eh…- me dirijo a la chica nueva de la cual volví a olvidar el nombre.
-¡Oh! Angelito, ¿ya te sientes mejor?

Antes de que pueda terminar la frase la chica nueva ya se acerca hacia mí y me habla con un tono bastante amistoso, alterando mi nombre con un molesto diminutivo como si nos conociéramos desde hace años.

-Eh sí, quería agradecerte por ayudarme ese rato, muchas gracias por avisarle a Erick.-Una vez que dije lo que tenía que decir me dispongo a retirarme, pero fui muy ingenuo al creer que sería tan fácil.
-Espera Ángel, deja que te acompañe a la salida, puede que te sientas mal otra vez- me dice mientras me toma del hombro y clava su profunda mirada sobre mí.
-No es necesario, me siento muy bien en serio- trato de librarme de ella aunque su insistencia es admirable.
-Vamos, ¿acaso no te agrado?- me dice en tono de tristeza, claramente fingiendo.
-No es eso, de hecho me das igual- le respondo en mi mente y hago un esfuerzo sobrehumano para que mis labios no revelen mi pensamiento, pues si le dijera eso el riesgo de llamar la atención se incrementaría y  es lo que menos quiero el día de hoy, además de que sonaría como un ingrato.
-Muy bien, vamos- me resigno a caminar a un paso más lento y perder la posibilidad de un buen asiento en el transporte.

Mi cabeza comienza a punzar  de nueva cuenta, por lo que trato de pasar desapercibido para evitar cuestionamientos de esta mujer.

-¿Vives lejos de aquí?- la chica trata de romper el hielo.
-No- le respondo sinceramente.
-¿Ah sí? Que bien, porque me gustaría que alguien me enseñara la ciudad, como mencioné antes soy nueva aquí.
-Pídele a Google Maps que te la enseñe-. Una vez más fantaseo con responder de cierta manera para deshacerme de la indeseable compañía, pero la cobarde sensatez convencional que habita en mí sólo me permite decir:
-Le diré a mi amigo Erick que te dé un recorrido, él vive cerca del centro.
-Pero parece que tiene novia y no quiero ser inoportuna.
-Dudo que eso le importe- le contesto de forma burlona, claramente porque sé que ese individuo sería feliz de salir con esta chica pese a que tuviera novia.
-Mejor no me arriesgo, ¿y si me tú eres quien me da un tour?- me dice la exageradamente predecible chica.
-¿Qué te hace suponer que no tengo novia que se pueda molestar?
-¿Tienes novia?- me pregunta curiosa.
-Tal vez, tal vez no.
-Eso es algo que diría alguien que no tiene- me responde soltando un risa boba.

Debo alabar su sexto sentido de mujer al deducir mi situación sentimental, me pregunto si será así de precisa para resolver cuestiones más importantes, cosa que dudo. Por supuesto que hablo por mero prejuicio.

Seguimos caminando y nos acercamos a la salida de la escuela, entonces un grito femenino me hace exaltarme ligeramente:

-¡Adiós Ángel, qué te mejores!

Una chica que se encuentra con mi mejor amigo acaba de gritar como si fuese una niña pequeña despidiéndose de su papá; lo peor que he sido yo al que se lo han gritado, situación que hace que algunas miradas se vuelvan a dirigir hacia mí. La chica es Abril Oviedo, mi compañera de clases.

-Ya veo, ¿ella es tu novia?- la chica nueva me pregunta con una sonrisa en el rostro y unos ojos afilados.
-Puede ser- le respondo con la intención de que su interés por mí disminuya, pero creo que acabo de hacer exactamente lo necesario para que una mujer se interese aún más en algo.
-Oh, no estás nada perdido, es muy linda la chica- me dice la chica cabeza hueca.
En serio que quiero terminar esto cuanto antes, nada me interesa menos que hablar de estas trivialidades, sobre todo con una persona que evidentemente trata de cortejar conmigo y no va al grano.

Salimos de la universidad, entonces me adelanto unos cuantos pasos para sugerirle indirectamente que dividamos nuestro caminos.

-Bueno, mi autobús pasa en la esquina, de nuevo te agradezco lo de ese rato- asiento con la cabeza como muestra de gratitud y despedida.
-Claro Angelito, por mi vendrán en unos minutos, cualquier cosa háblame ¿sí? este es mi número- me entrega un papel que saca de su mochila.
-Eh… claro…- lo recibo con poco entusiasmo.
-Por cierto, mi nombre es Amelia ¿creíste que no me daría cuenta de que evitabas mi nombre porque lo habías olvidado?
-Lo siento- desvío la mirada ante su incómodo comentario, aceptando que la he subestimado un poco.
Me sonríe mientras me alejo poco a poco rumbo a la parada del autobús. Al fin me separo de ella y me dirijo a abordar el transporte con destino a mi hogar.




Debido al tiempo que perdí con la chica únicamente alcancé lugar en las primeras filas del camión y de lado de otro individuo, algo que no es del todo de mi agrado pero en fin, mis audífonos ayudarán a enajenarme del mundo por un rato.

Cierro mis ojos tratando de descansar un breve instante, después de todo fue un día agitado en el cual padecí el primer desmayo de toda mi vida, además de haber sido víctima de un sueño bastante extraño, mezcla entre pesadilla y sueño húmedo.

Me relajo bastante, al punto de casi quedarme dormido. Una vez arriba del autobús suele ser uno de los lugares más pacíficos y de calma que uno puede encontrar, o al menos eso me gustaría decir, pero estamos en México.

-¡No se muevan hijos de la chingada, esto es un asalto!

Mi breve instante de paz se ve abruptamente interrumpido por uno de esos sucesos que no deberían suceder, pero que la falta de recursos y los bajos índices de educación originan. No es la primera vez que me asaltan, pero es terriblemente molesto el tener que desprenderme de mis pertenencias personales sólo por satisfacer la voluntad de un troglodita. En fin, en estos casos no queda opción sino acceder a la violenta extorsión para evitar salir perforados por una bala.

Los asaltantes ni siquiera disimulan serlo, van vestidos justamente como se supone que se ve un asaltante, siendo los atacantes dos  hombres no mayores de 30 años y una mujer posiblemente de mi edad.

-Teléfonos y carteras en la mano ¡y ni se les ocurra vernos a la cara o me los cargo!

El que parece ser el líder de los maleantes amenaza a todos los pasajeros con un arma de fuego, sus movimientos antinaturales y precipitados, así como el tono garraspeante de su voz me hace suponer que está bajo el efecto de alguna droga.

El simple hecho de mostrar un arma es suficiente para hacer que nadie quiera moverse de su asiento, no veo la necesidad de intimidar con palabras.

Me despido de mi celular y de los 20 pesos que llevo en mi cartera, estiro mi mano con ambas pertenencias para que el ladrón las tome de inmediato. Al estar sentado en asientos cercanos al frente soy de los primeros en ser despojado de mis bienes.

Mientras el líder de ellos nos amaga con su pistola, sus acompañantes toman las carteras y celulares de todos los tripulantes, a la máxima velocidad que la droga les permite.La chica es quien me arrebata mis pertenencias, cuyo semblante denota nerviosismo e inexperiencia, además de que se sobresalta cuando del bolso de su pantalón comienza a sonar lo que parece ser su teléfono celular, el cual por obvias razones no contestará.

Será cuestión de minutos que termine su cometido y se bajen del autobús, por lo que sólo queda esperar con la mirada hacia el piso a que el molesto momento culmine.

-¡Ya estamos hasta la madre de ustedes malditas ratas!

Un señor de mediana edad  sentado dos filas detrás emite un imprudente grito proveniente más de su hartazgo que de su cordura ¿No se da cuenta de que uno de ello va armado?

-Cállate vejete o te doy plomo.- El asaltante apunta su arma directo al hombre.
-Ni madres, ya me tienen harto los de tu calaña ¡Pónganse a trabajar malditos huevones!

Alcanzo a girar la mirada hacia atrás justo a donde el señor ya se ha puesto de pie y decide  encarar a los rateros. Por su parte ellos se miran los unos a los otros desconcertados, sin embargo el líder mantiene la firmeza sobre su arma.

-¡Siéntese o me lo cargo!

Lejos de obedecer, el señor se abalanza contra el hombre armado como si ignorara que su cuerpo puede ser fácilmente traspasado por el plomo. La tensión en el lugar está al máximo nivel, tanto que parece que todos están conteniendo la respiración ante la imprudente acción del hombre.

¡Pum! ¡Pum! ¡Pum!

Se oyen tres sonidos estruendosos que indican que la pistola ha sido detonada en tres ocasiones, y un cuarto sonido seco de un cuerpo cayendo al piso confirma que han impactado en el hombre de mediana edad, de cuya humanidad ahora inerte comienza a fluir un largo río de sangre.

-¡Al que haga una pendejada como él también me lo cargo!

El asaltante comienza a alterarse luego de asesinar al hombre, su expresión es la de un desquiciado que incluso sus acompañantes parecen tenerle el mismo miedo que todos los demás.

El camión no detiene su marcha, el chofer debe estar lo suficientemente asustado como para contradecir y encarar a los maleantes, comportamiento sumamente razonable a diferencia del hombre ahora occiso.

-¡No! ¡Papi!




Me sorprendo al igual que la mayoría de los viajeros al escuchar la voz desconsolada de una  pequeña niña, posiblemente sea hija del  hombre asesinado. La niña, incapaz de medir el peligro ni  de leer la situación corre directo al asaltante y le propina una patada en la rodilla.

-¿Qué le hiciste a papi?-clama la niña desconsolada.
-Maldita niña, me dolió, ni creas que te libras de esta.




Mi corazón comienza a acelerarse ante tal escena, el delincuente patea a la infante lo suficientemente fuerte para hacerla caer unos tres metros hacia atrás sobre el pasillo, y no solo eso, dirige su arma directo a la frente de la niña.

Mi cabeza comienza a dolerme bastante de nuevo, no sé si porque el malestar ha regresado o por la despiadada escena que estoy a puno de presenciar.

-Te enviaré con papi chiquilla del demonio.

El dedo del asaltante comienza a accionar el gatillo sin piedad, las drogas no le dejan entrever que solo está ante una pequeña niña…

Mi cuerpo comienza a contradecir a mi razón, justo como hace dos años en el incidente del puente, la misma tontería del pasado está a punto de repetirse.

-¿Sólo puedes con niñas pequeñas? ¡Qué asco!

Me cuesta trabajo asimilar que quien haya dicho esas palabras haya sido yo. Me había mantenido apacible ante la situación para evitar conflictos innecesarios, ahora un impulso de estupidez e insensatez ha vuelto a apoderarse de mí siendo víctima de un absurdo comportamiento, ¿en qué estoy pensando?

-¡Cállate escuincle!






El arma del delincuente apunta directo a mi cuerpo, el que de forma casi instintiva se encuentra ya de pie, desobedeciendo a mis principios de racionalidad. Mi respiración se acelera de golpe, los latidos de mi corazón compiten en velocidad con las revoluciones del motor del autobús.

¿Por qué estoy de pie? ¿Por qué estoy defendiendo a esa niña? No tengo ningún complejo de héroe ni de sacrificio, sin embargo el día de hoy no pude soportar el hecho de que un hombre en clara ventaja realizara una acción innecesaria en contra de una niña indefensa, y por ende me encuentro a punto de morir.

El gatillo de su arma se encuentra ya a medio camino entre el inicio y el final de su trayectoria, lo que me deja unos cuantos segundos de vida. Es la segunda vez en el día en que el sentimiento de muerte inminente me abraza, sólo que esta vez no es ninguna alucinación, ahora quedará mi cadáver justo en frente del de aquel hombre que critiqué por ser imprudente hace solo unos segundos atrás.

-¿Y si le pido disculpas? – Mi cerebro piensa en una escapatoria ante mi inusual y patética acción que ha puesto mi vida en bandeja de plata a un delincuente vulgar, pero sé que cualquier cosa que haga no será suficiente para hacer razonar a un hombre totalmente dañado.
-¡COMBÁTELO!

Esa voz… me suena familiar, debo estar alucinando en mis últimos momentos.

¡PUM!

El arma detona finalmente y mi cuerpo se paraliza por completo, esperando el inevitable impacto que seguramente acabará con mi inútil existencia. Estos momentos parecen haber sido congelados, todo lo veo en cámara lenta, tanto que puedo notar las miradas lastimosas de los demás pasajeros hacia mí.

-¿MORIRÁS ASÏ?
-¿y qué más puedo hacer? – hablo conmigo mismo, seguramente con mi consciencia.
-¡HARÁS MUCHO, CONFÍA EN MÍ!
-¡Cierra la boca!-Comienzo a perder la cordura y grito en voz alta.
-¿QUIERES MORIR?

No me preocupa ni enoja el hecho de morir tanto como el no entender por qué mi cuerpo no es coherente con mi razón. No temo el dolor que se avecina, temo que realmente mi vida será cesada antes de averiguar si realmente tenía un sentido, eso me llena de impotencia.

-¡Aún no!- doy el grito más angustioso que haya dado en toda mi vida, dirigido para mí mismo.





El ambiente se vuelve turbio como si estuviera siendo torcido, y no hablo de una forma metafórica, sino que realmente el aire, la luz, la visión, todo alrededor se entremezcla en una especie de remolino transparente que reacomoda todo en diferente orden. Todo se mueve menos yo.




-Ugh- al final de la visión mis párpados se cierran como si fueran bombardeados por una intensa luz blanca, tardándome unos cuantos segundos en recobrar la vista, y justo cuando  todo vuelve a ser visible mis ojos no dan crédito a la escena que estoy presenciando.
-¿Qué pasó?

Digo en voz baja mientras observo el cuerpo del asaltante que yace en el suelo cubierto de sangre y presuntamente muerto. Por otra parte, la mujer que lo acompañaba presenta una herida de bala a la altura del muslo que la tiene derrumbada sobre un asiento, mientras que el otro cómplice se encuentra en estado de shock, únicamente sosteniendo un arma de fuego en sus manos. El chofer inmediatamente detiene el autobús y los pasajeros ayudan a someter a ambos asaltantes sobrevivientes, quienes no presentan mucha resistencia por razones evidentes.

Girando un poco más la cabeza también noto que el señor asesinado hace unos minutos se encuentra ileso, abrazando a la pequeña niña que tiene a su lado.

-No me equivoqué contigo muchacho, hiciste lo correcto.

Una voz vuelve a resonar en mi cerebro, y honestamente ya no sé qué es real y que es imaginación de lo que he vivido el día de hoy, ¿No se supone que moriría? ¿Por qué no tengo un balazo perforando mi cabeza? Me derrumbo en mi asiento, desconcertado ante tal escena, y sobre todo, desconcertado ante la voz que escucho en mi mente, comenzando a aceptar que no es producto de mi imaginación.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Big Man-Vigías Cósmicos Capítulo XII (Side B)