Ángel Causal Capítulo 0 "¿Suicida?
Soy Ángel Vega, un individuo común y
corriente que ha pasado sus casi 20 años de vida tratando de encontrar el hilo
conductor de su existencia, tema complicado de abordar para la mayoría de los seres humanos, quiénes
suelen tomar los temas filosóficos de forma negativa en especial los que
respectan al sentido de la vida, tomados con pinzas como si fuese un taboo, etiquetando
como loco, suicida, o simplemente, ingenuo a quien se aventure si quiera a
sugerirlo como tema de conversación usual. Esta serie de aspectos son los que
me convierten en un espécimen si bien no único, si un tanto disperso de la
media que rige al pensamiento colectivo.
¿Qué es la vida? ¿Qué es lo bueno y lo
malo? Preguntas trilladas a lo largo de las eras y aun así continúan siendo lo
suficientemente conflictivas como para arrojar a un joven post adolescente a un
abismo existencial en el cual he permanecido por bastante tiempo para ver si puede darme más respuestas sobre mí tal y como Nietzsche decía. Pero mis esfuerzos
han sido en vano, pues no solo consigo hundirme más y más, sino que las
respuestas que parecía haber conseguido se esfuman entre el viento.
Mis padres, amigos y conocidos me miran
como alguien potencialmente suicida y depresivo. No los culpo, debido a que mi
forma de ser sería catalogada de esa manera por la sociedad convencional. Aunado a
ese pensamiento, la angustia de mis padres se ha multiplicado desde cierto altercado
en el cuál casi pierdo la vida en un “intento” de suicidio.
Como dije, mi manera de ver el mundo y sus
componentes les sugiere a muchos que deseo acabar con este tormento llamado
vida, pero lo cierto es que las únicas veces que el suicidio ha pasado por mi
cabeza han sido meramente momentos de análisis filosóficos. Aun así las
personas correlacionan los hechos con sus propios prejuicios para construir su
propia realidad.
Hace dos años me vi involucrado en un
suceso bastante escandaloso a nivel local cuando salí de la preparatoria para
dirigirme a mi hogar justo como cualquier otro día. La casa de mis padres
quedaba a tres kilómetros caminando desde la escuela, por lo que podía ir y
venir caminando diario sin ningún problema. El trayecto era bastante tranquilo,
además de que yo tomaba un atajo para evitar grandes aglomeraciones de gente.
Eran casi las tres de la tarde y me encontraba
a medio camino entre la escuela y mi casa, siempre tenía que cruzar un puente
peatonal; esa ocasión no fue la excepción. Una vez que estaba en la parte alta
del mismo me detuve por un momento para abrochar el cordón de mi zapato derecho
y evitar tropezarme, y justo en el momento que levanté la mirada pude observar a un niño
caminando por el borde de la reja del puente, justo del lado que apuntaba hacia
la carretera.
Dicha visión anticlimática me hizo dudar de
mi propio juicio, pero ahí estaba ese niño dando pequeños pasos al filo del
puente, como si estuviera jugando en un prado. Por supuesto que si perdía el
equilibrio se encaminaría a una muerte segura, situación que me dejó pensando
unos segundos acerca de lo que debería hacer.
¿Lo salvo? Esa sería la respuesta más común
y coherente, después de todo dudaba bastante que un niño tuviera pensamientos
suicidas, por lo que seguramente se había metido en ese embrollo tras escabullirse
de sus padres y no tenía noción del peligro. Pero ¿dónde estaban sus padres? ¿Cómo
es posible que permitan que su hijo realice este tipo de cosas? Parte de mi
pensamiento buscaba en darles una lección a los progenitores y que lo que
llegara a suceder quedara como fruto de sus acciones.
-No es de mi incumbencia- me dije a mi mismo
y decidí seguir mi caminata, pero una vez más mi mente comenzó a divagar sobre
otras posibilidades.
¿Y
si no tiene padres o tutores? Lo dudo, no parecía callejero, y eso no quitaba
el hecho de que no había nadie cerca para advertirle del peligro. No soy un
justiciero como Wonder Guy ni mucho menos, ni siquiera me importaba ese niño,
pero me temo que la presión sistémica social por la que nos regimos se manifestó
dentro de mí por medio de sus complejas ramificaciones de control llamada
valores, sintiendo que tenía que hacer algo para evitar un problema mayúsculo
como el ser interrogado como testigo si el niño cayese a la carretera, o
simplemente ser espectador de tan deplorable espectáculo de vísceras esparcidas
por doquier.
-Niño, dame la mano, no te muevas- le dije
mientras estiraba mi mano hacia su humanidad.
No recibí respuesta alguna, por lo que
volví a insistir.
-Tu mano, ¿qué no ves que lo que estás
haciendo es muy peligroso?
El infante continuo ignorándome, aunque ya
había dejado de caminar, se mantenía en el borde del puente sosteniéndose del
barandal.
-¿Me escuchas si quiera?-volví a
interrogarle con el fin de que me hiciera caso y poder ayudarlo a saltar del
lado seguro del puente.
El niño simplemente bajó la mirada y
comenzó a llorar, como si se acabara de dar cuenta de la situación de vida o
muerte en la que se encontraba inmiscuido. Pero no solo era eso, cuando le puse
atención a sus pies pude notar que uno de sus zapatos se encontraba atorado en
un fierro que sobresalía de la construcción, lo que le imposibilitaba seguirse
moviendo.
-¿Puedes quitarte el zapato? Le pregunté.
Me respondió negando con la cabeza, lo que significaban
problemas para mí.
-Muy bien, no te muevas, voy por ti.
Dudando un poco de mi cordura, desenfundé
un poco de valentía que rara vez tengo que soltar debido a la escasez de
emociones en mi vida. Afortunadamente no le tengo miedo a las alturas, por lo
que simplemente me sostuve con fuerza del metal protector para saltar a la orilla
del puente.
-Tranquilo niño, no mires abajo.
Trataba de calmar su angustia mientras
asentaba mis pies para obtener la mayor firmeza posible, y poco a poco comencé
a acercarme a él.
-¿Tus padres? ¿Dónde están?
El niño continuaba llorando y seguía sin
dirigirme la palabra directamente, situación que supuse se debía al shock del
momento. Justo cuando estaba a un metro de alcanzarlo sentí que algo se
desprendió de mi pantalón.
-Mis padres van a matarme…
Fue lo que dije al observar que mi teléfono
celular se despedazaba contra el pavimento tras haberse salido del
compartimento de mi bolsa derecha, seguramente debido al movimiento que realicé
al escalar la reja. Miré con un poco de pesadez a mi celular destruido, pero de
inmediato retorné la vista al objetivo principal del día que era rescatar a ese
niño de una muerte inminente, y de paso salir ileso yo también.
-¿Amigo?
Un escalofrío recorrió mi espina dorsal al
notar que aquel niño ya no estaba de lado mío, por lo que bajé lentamente la
mirada hacia la carretera esperando lo peor…
-No cayó ¿dónde diablos está?
Por fortuna el niño no había caído a la
carretera, pero tampoco podía verlo del lado seguro del puente.
-¿Dónde se metió ese niño? ¿Me estaba
tomando el pelo?
Solamente pude pensar en que se trataba de
una broma, porque definitivamente había un niño delante de mí a punto de morir.
-Qué situación tan desconcertante- me dije
a mi mismo tratado de dar el tema por cerrado y disponiéndome a volver al lado
seguro del puente antes de llamar la atención de alguien.
-Espero no haber captado la atención de
algu…
Algo andaba mal, comencé a marearme muy
fuerte, viendo nubes por todos lados, incluso más de las que había en el cielo.
Comencé a respirar bastante agitado ¿será por la adrenalina de estar a muchos
metros de altura? Pensé un poco, pero tras unos segundos tampoco podía pensar
con claridad.
-Me voy… a soltar…
Las fuerzas se iban de mis manos que
sostenían la protección, resbalándose poco a poco hasta perder el contacto con
el metal por completo.
-Ayu..da…
Alcancé a pronunciar una última palabra
antes de comenzar a sentir el vació de una caída de 10 metros. Mi cuerpo se
sentía ligero, el aire me empujaba violentamente hacia el pavimento, lo que
significaba que moriría sin lugar a dudas.
Cerré los ojos para desconectarme lo más
posible del mundo y no tuve opción que esperar pacientemente el violento
impacto que pondría fin a mi corta e irrelevante vida.
-Amigo, sé que lo has escuchado mucho en
películas y series, pero el suicidio no es la puerta correcta. Pero gracias a
que hiciste esta tontería tendrás el placer de ser rescatado por el mejor
superhéroe del mundo.
Mi caída se detuvo por completo, entonces comencé
a oír una voz masculina joven, no mucho mayor que yo que fanfarroneaba bastante,
muy posiblemente ese hombre acababa de salvarme de morir.
-¿Wonder… Guy?- Le dije recuperando el
aliento.
-¡No idiota! Si vuelves a confundirme con
ese payaso yo mismo te hago el favor de tirarte del puente la próxima vez.
El héroe me dejó en la acera debajo del
puente, donde ya se habían acumulado varias personas y dos patrullas para
canalizar el “incidente”.
…
-Intentaba salvar a un niño que caminaba
sobre el borde.
Mis explicaciones fueron en vano, y las
declaraciones del inepto héroe que me había salvado no ayudaron mucho, quien
alego que rescató a un joven desubicado y le proporcionó palabras de aliento
para que no volviera a hacerlo.
La noticia llegó pronto a los noticiarios
locales y por ende, a mis padres, quienes tomaron el evento como algo que se
venía cocinando desde meses atrás debido a mi actitud desinteresada por la vida
y por mis pensamientos nihilistas (aplicando el término nihilismo en tono
despectivo).
Gracias a lo que sucedió ese día mis padres
me enviaron con psicólogos con la esperanza de que cambiaran mi perspectiva de
la vida, y por más que yo trataba de explicar lo sucedido, terminé por
resignarme y cedí ante ellos, aceptando falsamente la culpa de haber intentado
acabar con mi existencia cuando sólo intentaba salvar a un niño que no me importaba
en lo más mínimo.
Y con respecto a ese niño, la revisión de las
cámaras no pudo localizar a nadie más que a mí en el lugar del incidente,
tornando la situación aún más siniestra y turbia, haciéndome dudar de mi
cordura por varios meses hasta que finalmente decidí dejar atrás ese evento
pasado y no rebuscar en las causas de la aparición de ese niño. Pero definitivamente
había un niño, puesto que en la “realidad” que intento construir ya decidí que
no estoy loco, aunque la presión social me etiquete como un inadaptado y todos
me señalen como un suicida (término utilizado como ofensa por la mayoría).

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