Big Man - Vigías Cósmicos Capítulo IV "Accidente"
CAPÍTULO IV - "Accidente"
La muerte, la más grande de las añoranzas a las que todo ser
humano consciente del dolor que significa vivir quisiera alcanzar. La sensación
de que todo termina, de que hemos dejado este vil bulto de carne y huesos para
pasar a un estado de descanso eterno. Todo lo que somos y fuimos se juntan en
esta última parada, donde dejamos atrás a muchas personas que nos acompañaron
en nuestro andar, así como todo deseo de aspiración que no hizo más que alargar
nuestra agonía desde el momento que nacimos. Nadie ha regresado de aquél lugar
para decirnos qué se siente morir ni qué hay más allá, pero aun así casi la
totalidad de la población desearía evitar confrontar a este jefe final del
mundo.
Nunca había estado cerca de la muerte, ni mucho menos la
deseaba, pero hoy es la excepción, pues siento mi cuerpo y alma desconectados
el uno del otro, lo que no me permite vislumbrar con claridad lo que me rodea
en las oscuras calles del centro de la Ciudad de México. Siento como si las
luces de los postes fueran repelente para insectos y yo me tambaleara como cucaracha
moribunda. Mis labios se sienten extremadamente deshidratados y dulces, tanto
como para hostigarme en demasía.
El dolor de cabeza y las náuseas se agudizan al pasar de las
cuadras mientras trato de dirigirme a mi departamento, y como dije, nadie sabe
cómo se siente morir, pero lo que estoy padeciendo no puedo describirlo de otra
manera, y con cada paso que doy el pensamiento que invade mi mente no es el de
miedo, sino de añoranza; añoro morir, no quiero sufrir, no quiero que me vean
en esta condición tan lamentable, así que si he de decir adiós a este mundo que
sea ahora mismo ¡Por favor!
Jamás volveré a emborracharme de esta manera…
Afortunadamente no hay ningún alma en la calle que me vea en
esta condición, debido a que son las 3 de la mañana. Sé que no está bien el
perderse en el alcohol y mucho menos entre semana, pero es fin de semestre y
significa que no veré a mis compañeros
de la universidad en al menos un par de meses, considerando que la mayoría son
foráneos. Además hoy nos acompañó la ardiente Lucía, aquella que por evidentes
razones nombramos como la “dos corazones”, y sobre todo hoy que llevaba uno de
ellos casi al descubierto con un short de infarto que magnetizaba mis ojos
hacia él. Sí, eso sonó de alguien acosador y misógino, pero el maldito alcohol
hace que los más profundos deseos carnales salgan a flote hasta para el más
cortés de los hombres.
En fin, un pobre diablo como yo debe conformarse con mirar
de lejos a aquél monumento celestial, porque mis oportunidades con las mujeres
son peores que las de la selección mexicana llegando al quinto partido del
mundial. Incluso intenté hablarle, y justo cuando se iba y me ofrecí a llevarla
a su casa (en metro porque no tengo vehículo) me dijo que prefería caminar, por
lo que acepté su decisión, pero resulta que cuando me descuidé para servirme
otra paloma la alcancé a ver subiéndose a la motocicleta de uno de mis amigos
más apuestos y se fueron, seguramente no a su casa.
Esa chica me gustaba y hoy pensaba invitarla a salir, pero
inmediatamente volvía mi realidad, así que decidí no deprimirme y saciarme de
tequila, vodka, brandy, cerveza y Tonayán en compañía de mis compañeros de
escuela, pues si he de morir de algo que sea de alcohólico y no de amor.
Bueno, el punto es que ahora estoy deambulando en la
peligrosa CDMX sintiendo que la realidad se derrumba. Es más, ahora de pronto
comencé a sentir como si un auto me hubiera atropellado y como si estuviera
tendido en el asfalto lleno de baches. Me empieza a abordar la sensación de
sangre recorriendo mi cabeza, así como el crujido de múltiples huesos rotos y
compresión en el pecho. Estoy abatido y hecho trizas, como si tuviera el cuello
roto y mi respiración se cortara, vaya que sensación de atropellamiento tan
real…
Oigan, esperen…
Si bien me excedí bastante con el alcohol, no es la primera
vez que me pierdo en él, por lo que sé que la sensación no es agradable, pero
en definitiva dista mucho de lo que estoy sintiendo en estos momentos.
Agh, la anestesia del alcohol está pasando y el dolor
comienza a invadir mi cuerpo, pero me es imposible mover si quiera un músculo.
-A...yu…da… alcanzo a pronunciar unos cuantos monosílabos
buscando que alguien me auxilie, porque mi mente comienza a darse cuenta de lo
que está pasando realmente.
(-¡Estorbo! ¿Por qué te atravesaste?)
(-Arróllalo que nos alcanza la policía).
Oigo un claxon de automóvil pitándome, así como algunas
voces lejanas gritando que me quite. Lo siento, no puedo moverme, hagan lo que
tengan que hacer.
(-Detengan el auto o disparamos).
Se escuchan lo que parecen ser sirenas de policía.
¡Pum!, ¡pum! Escucho dos sonidos secos que indican ser
disparos.
(-¡Maldición, las llantas! ¡ y todo por ese escuincle!)
(-Oye, ¿y si lo matamos? ¡Nos irá peor!)
(-Te dije que robáramos en otra zona, aquí los policías son
anormales y suelen darse rondas nocturnas para encarcelar borrachos).
Apenas si distingo lo que hablan los sujetos del carro
frente a mí, porque mi consciencia comienza a desvanecerse poco a poco. ¿Voy a
terminar así? ¿Cómo un perro? ¿Me echarán cal y arrumbarán en una orilla? Mis
sentidos se desvanecen como si Shaka de Virgo me hubiera atacado. ¡Maldición,
no puede terminar así! ¡Aún tengo muchas cosas que hacer!
-No… quiero… morir… virgen… - susurro mi última voluntad.
-Y no lo harás, está destinado que no mueras hoy, Francisco.
-Qu…
Tal vez comienzo a delirar por la agonía, o tal vez es la
voz de San Pedro, pero esa voz provino de mí y no concuerda con ningún
pensamiento voluntario o involuntario que ronde mi cabeza.
Qué lástima que no pueda grabar mis sensaciones para
documentar la sensación de muerte y advertir a los demás sobre esta desdicha,
pues no se lo deseo a nadie, y menos si están ebrios… y son vírgenes.
-Eres el último héroe designado, seguro que haremos un buen
equipo, mi nombre es Zuno.
La voz de hombre mayor pervertido vuelve a sonar en mi cabeza
solo para desconcertarme más, aunque no distingo muy bien las palabras que me
ha dicho. Bueno, qué más da, son mis últimos momentos después de todo y supongo
que la coherencia es lo primero que se esfuma al morir.
Contemplo por última vez el cielo nublado de esta turbulenta
pero bella ciudad, pese a que la vida se me va me siento tranquilo y en paz,
como si estuviera a punto de alcanzar el Nirvana o e Arayashiki. Si no pude
terminar la universidad ¿Qué más da? Un título universitario no me asegura un
futuro brillante en este país tercermundista, además de que no es sinónimo de
conocimiento; si nunca pude trabajar ¿qué diablos importa? Ahora mismo no
tendré que volver preocuparme por eso jamás; ¿qué si nunca pude tener novia? ¡A
quién mierdas le importa! Ni que fuera la gran cosa caminar de la mano con una
linda chica, invitarla al cine para no ver la película, o que te ayude con tus
tareas, o que puedas tener sexo con ella las veces que desees…
¡NO QUIERO MORIR AHHHHH!
Abro los ojos de golpe y me pongo de pie como si nada
hubiera pasado, pues no dejaré que un simple accidente arruine mi juventud.
Siento como si mi impetuoso lívido bastara para impulsarme a no dejarme vencer
por estos ladrones de autos.
-No es tu lívido, soy yo quien te curé.
-Gracias conciencia mía por ayudarme a despertar, pero desde
ahora me encargo yo- hablo conmigo mismo no sé por qué razón.
¡Wow! Ya no me duele nada ¿Y qué le pasó a mi robusto y bofo
cuerpo? Siento una firmeza de otro mundo en mis pectorales y abdomen, una
energía descomunal invade cada célula de mi ser ¡Como si fuera un Dios!
-No eres un Dios, eres un superhéroe-
-Muy bien Pepito, ya entendí – le vuelvo a hablar a la voz
imaginaria.
¡AVIÉNTALE EL CARRO!-Oigo gritar a uno de los maleantes del
automóvil.
El automóvil comienza a forzar su motor y se dispone a arrollarme
aun con dos llantas ponchadas. Ya entiendo por qué no simplemente me rodeaban
para huir, la calle en la que nos encontramos es muy angosta para maniobrar.
-Oigan amigos, esperen por favor- me comienzo a poner
nervioso de nuevo.
-No temas Francisco, tu puedes vencerlos- me vuelve a decir
esa extraña voz.
Sin importar que ahora estoy como si nada y con un cuerpo
que ni en mis mejores sueños podría haber logrado, no quiero volver a ser
atropellado por un automóvil, pues ningún humano es más fuerte que un vehículo.
Claro que si se tratara de Wonder Guy o
Némesis sería diferente, pero yo soy un simple mortal.
-Pepito, ¿estás seguro que puedo detenerlos?- le hablo a mi
conciencia.
-Por supuesto, ahora juegas con los grandes- me contesta
Pepito.
-¡MUERE!- El auto se dirige hacia mi humanidad con mucha
fuerza, tratando de huir de la patrulla que viene detrás de ellos.
-De... deténganse… por favor- les grito lo más seguro que
puedo, pues mientras más se acerca el carro más flaquea mi mente.
-¡Quítate del camino! -Gritan desde la patrulla los
policías.
Es inútil, ya no alcanzo a reaccionar, solo decidí confiar
en mi aturdida conciencia como si de un sueño se tratara…
¡Sí! ¡Eso debe ser! Estoy soñando que soy un superhéroe como
el grandioso Wonder Guy, y en los sueños las reglas las pones tú.
¡CRASH!...
Un estrepitoso ruido se escucha en frente de mí. Abro los
ojos lentamente para ver si efectivamente estaba soñando y el impacto del carro
me despertó, pero cuando esclarezco mi vista no puedo evitar quedar anonadado
ante tal viñeta que se manifiesta frente a mí.
-¡Ay! ¡Ayuda!- alcanzo a oír que gritan los dos ladrones
desde el auto totalmente destrozado en su parte de enfrente.
-¡No se muevan!- gritan los oficiales, quienes paran su
vehículo y se acercan al auto robado.
…
Que sueño tan conveniente, acabo de casi morir, resucitar y
de convertirme en un dios en menos de 2 minutos, de seguro que es algo muy
difícil de alcanzar incluso en sueños. Me pregunto si no le mezclé algo raro al
tequila.
-No es un sueño compañero, es tu despertar como héroe.
Ok, mi conciencia comienza a asustarme un poco, porque no
deja de hablar contra mi voluntad, y además lee mi mente con mucha facilidad.
-Bien oficiales, no se preocupen que estoy para ayudarles, o
bueno, ustedes a mí.- trato de disfrutar el momento porque puede que no se
vuelva a repetir.
-¿Quién eres?- me preguntan de manera precavida.
-Soy el ser más poderoso del Universo, aquél que ha venido a
salvar a los bienaventurados y a castigar a los que tengan la desdicha de no
conocer mi nombre- proclamo cual juramento a la bandera.
-¿Y cuál es tu nombre?- me pregunta uno de ellos.
-Soy … eh… gran… yo… Big… - contesto sin saber de lo que
estoy hablando.
-¿Gran Big?-
-No… eh… Big… Man… ¡Sí! ¡Soy el Gran Big Man!- proclamo lo
primero que se me vino a la mente, aun sabiendo que dije un pleonasmo.
-Perfecto, otro sujeto que nos quitará trabajo- rezonga
molesto un oficial.
- Pero en fin, gracias por ayudarnos a atrapar a estos
maleantes, aunque ¿no crees que te excediste al destruir todo el frente del
auto?- me cuestiona la pareja del policía.
-De seguro vienen de Polanco, den por hecho que el auto está
asegurado y de qué es el segundo o tercer vehículo de algún funcionario- les
contesto para tratar de zafarme.
-Oh, ya veo, en fin, de nuevo te agradezco por ayudarnos Big
Mac.
-¡Big Man!
-Big Man…
-Bueno señores, me retiro, encárguense de los pormenores por
favor.-comienzo a fanfarronear un poco.
-Compañero, si quieres puedes volar, sólo impúlsate hacia el
frente y piensa en ello- mi conciencia vuelve a hablarme
-Muy bien, necesito ir a terapia psicológica para descartar
daños en mi cerebro, pero como es un sueño te haré caso mi querido Pepito.
-Zuno, mi nombre es Zuno- me contesta enfadado.
-Muy bien Zuno, vámonos a casa que la resaca está comenzando
a afectarme.
Como si tuviera años en el negocio, comienzo a volar
despreocupadamente por la ciudad, dando vueltas a lo loco a diestra y siniestra
antes de llegar a mi departamento. Recorro todo el periférico, el Bosque de
Chapultepec, el Centro Histórico, el Estadio Azteca, Los Pinos, la casa de AMLO
y un sinfín de lugares que desconocía de esta extensa mancha urbana.
Tras un par de horas recorriendo la capital, llego a mi
hogar y me tumbo en la cama, evitando dormirme de inmediato para recordar la
sensación de levitar libremente y fuera de todas las leyes de la física, así
como de mi acto superheroico ayudando a capturar a dos maleantes gracias a mi
superfuerza.
¡Qué genial es ser un superhéroe como Wonder Guy! Al menos
en sueños puedo aspirar a ser como él. Si algún día tuviera la oportunidad de
conocerlo, me encantaría patrullar la ciudad juntos y salvar el mundo como un
gran equipo.
*¡Y así nació Big Man! sólo que él se dio cuenta de que no
era un sueño hasta que el efecto del alcohol se evaporó de su cuerpo.

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